II. Los deberes de lo oculto (Pt.1/2)
- Vnia Sim
- 16 nov 2022
- 8 Min. de lectura


— Vamos, Ava, seguro que Miravela se va a enojar si no llegamos pronto, me dijo que tenía un trabajo para nosotras.
— Espera un segundo, Beth, si Mira me ve así no va a dejarme salir, dirá que me veo como si no hubiera dormido en toda la noche.
— Tampoco estaría muy lejos de la verdad, Elava, no dormiste después de ello.

— Eso nadie necesita saberlo, Elizabeth y mucho menos las arcanas. Déjame disfrutar un poco de alejándome de la torre, seguiré atrapada pero un poco de aire me ira bien.
— No estas atrapada, Elava, también es tu hogar.


— Nunca dije que no lo fuera, una cosa no quita la otra, Beth, puede ser mi hogar y mi cárcel, si no, dime ¿Qué es esto? – Alce las muñecas y al ver su rostro incomodo, como cada vez que teníamos en la misma conversación, mire sus propias muñecas, tan marcadas como las mías y no resistió esconderlas – Dame 10 minutos, Beth, si quieres ve delante con la arcana, así sabrá que no eres tú, que soy yo. Y respira un poco, me ha tolerado toda la vida, me perdonara por un poco de retraso, no lo empeoremos.
— Bien, Apresúrate, Ava.

No le conteste, me volví al espejo y mi cansado reflejo me devolvió la mirada, mi piel parecía más pálida de lo normal, resaltando las ojeras debajo de mis ojos y la marca permanente en mi cuello, la última de las cadenas que Selene se había visto en la obligación de colocarme, casi tan dolorosa como la primera.
Mis ojos lucían apagados y parecían el presagio de una horrible tormenta, me bañe el rostro, aun a sabiendas de que no iba a hacer ningún milagro por mi mala cara, me quite el cabello del rostro. Suspire un poco, todavía lucía como si un grifo me hubiera apaleado viva y me sentía exactamente así, sin embargo, la idea de poder respirar un poco de aire libre era suficiente para motivarme a moverme, en búsqueda de la arcana más amable que conocía.


Puse marcha al lugar de reunión de siempre y mascullé un poco por los dos pisos que tuve que subir para llegar hasta ellas y la cara de Miravela ya me aviso que no estaba contenta por mi retraso.

— A veces me pregunto si no les damos demasiada libertad a nuestros aprendices superiores, a veces incluso parece que se olvidan de la jerarquía de la torre ¿No le parece, Elizabeth?


— Lo lamento, arcana Miravela – Suspire, fingiendo sentirme un poco culpable, pero enseguida mi sonrisa rompió la máscara – Sin embargo, debo recordarle sus propias palabras, “No dejes probar al lobo la sangre si no le darás toda la carne”, es igual con la confianza ¿No?
— No recuerdo haberle dado confianza, señorita Elava.
— Siempre me has dado confianza, arcana.
— Uno suele tomar malas decisiones.

Miravela era la única de las arcanas con la que podía hablar con franqueza, una de las pocas que tenía un instinto maternal y que pese a lo mucho que me había demorado en llegar al nivel de los jóvenes de mi edad, siempre me había dado una sonrisa, también era la primera humana con la que me había encontrado, la que intento evitar que Selene me marcara mientras todavía procesaba la idea de separarme de mi madre y aquella que siempre había abogado por mi durante mis desastres.

— Yo siempre he agradecido sus malas decisiones.
— A veces no lo parece, Elava, pero eso no importa, por ahora, dentro de su impertinencia no me ha decepcionado y por eso la llame, junto a la señorita Elizabeth, se están acabando las reservas de algunos ingredientes de pociones y necesitamos recopilar más de estos. Evidentemente irán con algunos guardias por si las cosas se tornan difíciles – O por si nos queremos escapar, todavía no me perdonaban del último intento y eso que ya había pasado un año – Pero no debería serlo, son solo algunas raíces, algunas flores de acónito, pelo de conejo, sapos y algunas plumas de… Arpías.
— Maldición ¿No desea también algunas escamas de lamia o todavía hay suficientes?
— Todavía hay suficientes, gracias, señorita Elava.
Miravela, por suerte, estaba tan encariñada conmigo que me permitía ese tipo de respuestas, e incluso, se reía un poco de mí, ya que sabía lo mucho que detestaba las arpías y el sonido que estas producían, masculle un agradecimiento hipócrita y la sutil sonrisa de la morena me hizo saber que había notado cual era exactamente mi intención. Me entrego una bolsa, que incluía tanto la lista de lo que faltaba como frascos para aquello que debía irse separando.

Baje con Elizabeth los cuatro pisos que nos separaban de la planta principal entre quejas por todo el trabajo que nos esperaba y al llegar a la puerta, donde ya esperaban dos guardianes. Uno de ellos siendo Vicaen, un elfo que a ratos parece un cambiaformas por su mal humor y la rigidez de su cuerpo.

— Buenos días, aprendices mayores – Saludo el elfo, con seriedad, aunque debajo de esto estaba segura de que había desgana, detestaba trabajar conmigo porque era una rebelde, en sus propias palabras y sabía que a diferencia de la mayoría de los hechiceros, si me ordenaba no iba a obedecer ciegamente a menos de que mis marcas estuvieran involucradas y luego tendría que dar explicaciones de porque volvía con una alumna desmayada y hasta las espadas le temían a la ira de la arcana mayor – ¿Tienen todo preparado?
— Por supuesto, al fin y al cabo, serán ustedes quienes lleven los ingredientes, por el contrario, la verdadera pregunta es si están preparados con todo lo que deben llevar – Comente y no necesite escucharlo para saber que detrás de la seriedad de su rostro estaba raspando sus colmillos entre sí por la ira, y eso me provoco incluso un poco de satisfacción, ninguno me contesto y era gracioso que todavía no se acostumbraran a mis respuestas – Sigo esperando.
— Estamos preparados, como siempre, aprendiz. Es parte de nuestro deber como espadas.

No conteste nada, dirigiéndome a la puerta con Elizabeth y los guardianes a mis espaldas y como cada vez, el camino principal me recibió tan vacío como siempre y rodeado por la inmensidad del bosque, que era la única otra cosa en el paisaje. Le pregunte a mi rubia compañera porque prefería recolectar primero, para decidir si íbamos de lo más fácil a lo complejo o viceversa.

Tal y como esperaba prefirió ir por lo más sencillo primero, esperando que consiguiéramos demorarnos un par de horas hasta que el pico de actividad de las arpías disminuyera y fuera un poco menos arriesgado ir por aquellas plumas, e incluso, comento con un poco de esperanza, no tendríamos que ir a buscarlas porque podríamos toparnos con algunas por el bosque, asentí con una sonrisa silenciosa y disimulada, que no dejara ver con facilidad que no creía para nada en esa posibilidad.

En lo profundo del bosque, lugar donde era más fácil encontrar todo lo que Miravela requería, las copas de los árboles, que escondían incluso la figura de la imponente torre de Treza, me hacían sentir en mi hogar.

Los elfos tenían una especial afinidad por los bosques y, por ende, a las aldeas cercanas a estos, un ejemplo claro había sido mi madre, quien intento durante todo el tiempo inculcármelo, sin saber que, estando encerrada en una torre como una pobre princesa de cuento, aunque yo caía más en la bruja malvada, eso iba a formar parte de los recuerdos que más dolor me provocarían, saborear la libertad y que te la arrancaran de las manos.


Volví a la realidad cuando Beth me dio un pequeño golpe cerca al lugar ideal para encontrar las raíces que necesitábamos.


Me deje caer en el suelo y susurre a los árboles y al viento, en una lengua tan antigua como la vida.

Mi magia respondió al sonido, acompañándome, aunque era un hechizo tan sencillo que las marcas ni siquiera brillaron. En mi cabeza y en la tierra se formaron los mismos símbolos y con esto tanto los chicos como Elizabeth empezaron a excavar.
Desde la última recolecta había pasado bastante tiempo y las raíces estaban bastante crecidas, me lamente un poco que termináramos tan pronto porque todo el tiempo que nos ahorráramos, eran minutos donde las arpías podrían empezar a dormir y quizás llevarnos una o dos heridas menos de las que todavía terminaríamos teniendo.

Las flores de acónito eran el segundo objetivo en nuestra lista, deberían ser más sencillas que las raíces, pero por alguna razón, pese a su alta toxicidad, los animales tenían una afinidad extraña por ella y era fácil que los lugares que antes contaban con grupos grandes de un día para otro decayeran hasta apenas quedar algunas tristes flores, las únicas sobrevivientes de una matanza tanto de plantas como de animales. Y tan esperable como era fue justo lo que nos acabó sucediendo.


Vimos alguna flor por allí, que fuimos agarrando y al llegar a donde debería haber un gran número de acónitos, unas pocas flores se alzaban victoriosas entre los cadáveres de diferentes animalitos.


— Todavía me sorprende cuanto daño pueden hacer unas bonitas florecillas moradas – Comentó susurro una de las espadas, tenía que ser nuevo, porque viviendo entre hechiceros, con sus cuerpos delgadas y magia mortal, era una ironía en sí misma.
— Como todos los hechiceros de la torre – Me mordí la lengua, incomoda de compartir ideas con el otro guardián – Nunca debes fiarte de una apariencia, porque hasta la más pequeña de las flores, puede ser mortal.
— La primera lección de alquimia – Suspire mientras revisaba si había algún sapo de reojo, maldición, parecía que no ¿Por qué nunca caían? – Pero como consejo, si es tan bonita que parece un sueño, posiblemente sea venenosa o mortal ¿Por qué nadie se la ha llevado antes?

Masculle al aire, tomando con cuidado las pocas plantas que quedaban y guardándolas en un único frasco que todavía lucía demasiado vacío, tendríamos que seguir buscando, suspire un poco y puse marcha hacia otra de las poblaciones regulares de acónito, esperando con toparme con algunas más en el camino, de verdad ¿Nunca aprenderían los animales que tan mortales eran aquellas florecitas moradas tan bonitas? Los humanos poco tardaron en notar el peligro de la magia y encerrar, encadenar y torturar a sus usuarios, como si hubiéramos decidido activamente nacer con la maldición, como si en todo eso hubiera alguna decisión.

Elizabeth, tomo sutilmente mi mano, que había empezado en algún momento sin que yo lo notara, a recorrer la marca de mi cuello, le dedique una pequeña sonrisa aunque no pareció que la convenciera demasiado, el camino era incomodo, mi día no había empezado bien entre aquellos recuerdos y parecía que no había conseguido recomponerme por ello, Beth estaba afectada por mi falta de entusiasmo ante todo y como cereza del pastel tenía a la mirada de Vicaen clavada en mi espalda, sospechando que intentaría escapar en cualquier momento y ni siquiera tenía que girarme a verlo para saber que tendría la mano apoyada en su arma, como si me sirviera de algo escapar en este momento, como si la amenaza de la siguiente marca no hubiera sido suficiente para calmarme por al menos una temporada.
No necesitaba más marcas.


Me distraje tanto con mis oscuros pensamientos que casi no noto el momento en que un campo de florecillas violetas nos recibió, la escena era preciosa, el sueño de cualquier pintor, sin saber que en un par de horas aquel ensueño se volvería una pesadilla de cuerpos intoxicados.


Recogimos las necesarias en silencio y en honor a la verdad, incluso un poco más por mi parte, por mucho que supiera que era inútil, todavía creía que algún bien haría llevándome todo el veneno que pudiera, así algún pobre animalito tendría la oportunidad de sobrevivir.



Me gusta la forma como es Elava 💗💗 es muy dedicada y decidida. Me quedé con la intriga sobre qué le ha ocurrido a la madre después de tanto tiempo😱😱😱además de saber qué tendrán en mente hacer co esa receta
Ay qué capítulo más genial. Estaba metidísima en la historia. Era como si estaba con ellas en el bosque. Y la frase final me conmovió un montón. Elava es adorable y ha vivido tantas cosas. Me está gustando mucho la historia
Aaaaaay nena!! Es q Aleava me encoge el corazoncito tia... Me recuerda tanto a unos libros q me leí... Pero no q un personaje en concreto, sino q tiene una mezcla de muchos de ellos... Ya tengo ganas de leer más!