X. De mal en peor (1/2)
- Vnia Sim
- 16 mar 2023
- 9 Min. de lectura


Giramos las cabezas al mismo tiempo, asustados, para encontrar lo que solo se podía describir como un hombre perturbado, vestido con harapos, con una barba de varios días, mechones de cabello ausentes y la cara de haber visto al demonio caminar en la tierra.
Aunque eso podía no estar muy lejos de la realidad.


— ¡Eh! — El primero en reaccionar fue Daimhin, como siempre — Señor… Buenos días, no queríamos molestar, se lo aseguro — Se acerco al hombre con la mejor de sus sonrisas — Escuchamos del incidente y solo veníamos a ver lo que había ocurrido… No queríamos hacer nada malo.
— Y por eso están buscando algo — Condeno el aldeano, sin mirar a nadie en particular, no parecía ciego, solo perdido y eso era todavía más triste — Deben irse pronto, esta aldea está condenada.
— ¿Qué dice, lo…? — Morrigan golpeo justo a tiempo a Daire, antes de que terminara aquella frase que podría fastidiarnos a todos — Perdón — Soltó, sin aire, intentando retomar la compostura.
— En esta aldea no queda nada para ustedes, deben buscarlo en otro lugar, la bestia ha escapado, la bestia ha masacrado, se ha llevado a las jóvenes y a los dignos a su nido, mi hijo se fue con ellos y nunca más lo volveré a encontrar — Parecía estar reviviendo el momento, luciendo horrorizado y enfadado a partes iguales — Los demonios, peores que los monstruos que recorren nuestras tierras, existen y esperan despertar para devorarnos.

Ninguno supo cómo reaccionar, lo observamos en silencio, durante un largo rato mientras el seguía vociferando las maldiciones que habían caído en la tierra a raíz del despertar de aquel dios, el pánico subía y bajaba por mi columna porque las cosas no paraban de empeorar.


El sonido del vuelo de un ave nos devolvió a la realidad, vi al cuervo huir y dejar nuevamente aquella zona despoblada sobrenaturalmente silenciosa.
— Ni siquiera la naturaleza vuelve donde los demonios han hecho su marca — Mascullo el viejo, con una voz sepulcral.
— Señor…— Daimhin siguió intentando obtener información, pese a que este ni siquiera nos miraba.
— Váyanse, antes de ser tan malditos como los que quedamos.
Noté como todos parecían perder la paciencia ante las constantes negativas del hombre y apostaba que no faltaba demasiado para que alguno sacara sus garras, sin embargo, el moreno tomo un respiro y hablo con una voz engañosamente dulce.
— Señor, le prometo que tampoco queremos permanecer demasiado tiempo aquí y que si nos cuenta lo que sucedió hoy mismo nos iremos de aquí y no volveremos a pisar la aldea.
Era un poco tramposa aquella proposición, especialmente dado que de todas formas pensábamos partir en pocas horas, pero no iba a quejarme, especialmente con lo curioso que me parecía el hecho de que prefería eso a dignificarse y sacar a relucir su título de realeza.



— ¿Son promesas confiables?
— Las únicas que puedo hacer.
— Bien, espero que inmediatamente cuente la historia, salgan de aquí — Todos afirmamos con la cabeza — Hace cuatro días, la aldea parecía normal, nadie imaginaba lo que nos pasaría. Esta zona de la aldea lleva a un rio cercano y mi hijo, oh, mi amado hijo — Soltó un pequeño sollozo en aquel momento y no lo podía culpar — Me dijo que el agua se estaba acabando, así que iba a ir al rio y no debía demorar mucho, pero lo estaba haciendo, dioses míos, estaba demorando demasiado y me asuste… Era mi único hijo, señor — Más sollozos — Así que lo fui a buscar, era lo único que podía hacer, es lo único valioso en mi vida, mi amado niño y lo perdí. Vi al enmascarado arrastrarse por la zona y a la gente con él, lo seguían sin expresión y a su paso, la aldea ardía y moría y entre ellos estaba mi niño, con su cabeza pelirroja destacando, pero sus ojos verdes perdidos, mi niño, mi dulce niño.
El señor se derrumbó llorando y ninguno pareció saber que hacer, su llanto era tan desesperanzador que ninguna palabra de aliento podría ayudarlo, ni siquiera lo tocamos, no era solo que no pudiéramos obtener más información de él, es que no parecía quedar demasiado de su ser, volver a narrar la historia lo había destrozado y no creía que hubiera algo que arreglar.
Mire al grupo, sus caras mostraban pena, era inevitable no sentirlo, se notaba especialmente en Daimhin. La pena y la culpabilidad se mezclaban en su cara, haciendo que fuera triste el solo verlo.


— Lo siento — Hablo finalmente el príncipe, sonando lastimero, se arrodillo junto a él, mirándolo con pena, aunque este nunca le devolvió la mirada — Intentaremos encontrar al chico.
No contesto y después de un minuto, Kylian le puso una mano sobre el hombro, indicándole que se levantara, no iba a conseguir más del otro. Se levanto en silencio, sin dejar de verlo hasta que se giró hacía nosotros, con resignación y nos indicó con señas que nos fuéramos en silencio.
Hasta que no estuvimos seguros de que no podría escucharnos, no se atrevió a volver a hablar, decidiendo que podría ser buena idea ir hacia el rio que era el lugar que el señor menciono, todo esto en un tono bajo, decaído.


Caminamos en silencio hasta que nos topamos con el rio, solo para descubrir que no parecía haber ninguna pista allí, ni siquiera el camino de muerte que parecía perseguir al dios macabro.
Al final, entre todos los acontecimientos y el tiempo perdido en buscar pruebas inexistentes, iba cayendo la tarde y el rostro de Daimhin no parecía mejorar. Contrario a su actitud habitual decidió hacer un campamento pronto, necesitaba escribir a su padre y planear cuales serían los pasos por seguir, lo descubierto, al igual que a mí, no le gustaba nada.
Además de ello, no habían obtenido lo que buscaban en la aldea, donde pensaba obtener un caballo o dos por si eran necesarios y más comida, por lo que en unos días si no encontrábamos un asentamiento próximo, tendríamos que cazar, otra frase que no me gustaba demasiado.
Preparamos las carpas rápidamente y Daimhin se perdió en la suya, tan decaído como antes, el encuentro con el anciano le había afectado severamente. Kylian también se mantenía callado, pero no podía adivinar si solo se debía a preocupación por su protegido o el anciano le había afectado de la misma forma.

Hizo la fogata y paso el resto del tiempo en silencio, ya fuera limpiando el armamento que seguía saliendo de su bolso encantado o mirando el fuego con la mirada perdida hasta que el moreno salió de la tienda, sin recuperar su sonrisa, pero pareciendo en mejor estado.
— Morrigan ¿Puedes enviar una carta ya mismo al palacio?
— Claramente ¿Todo listo? ¿Sigues triste?
— No te preocupes.
— De acuerdo, déjame encanto tu carta y la envió.


Escuche su intercambio, interesada, era un tipo de magia que no había aprendido. Me acerque a ambos, aunque un poco tarde ya que no escuche las palabras que susurro la pelirroja, su magia ilumino casi tanto como la fogata, de un color azul, aunque a diferencia de Beth, era azul oscuro y místico.
Se formo lo que parecía un espejo y dentro de este, una imagen desconocida pero que adivine rápidamente que se trataba del castillo del rey. Un pasillo largo y lleno de cuadros, aunque no duro demasiado, Daimhin lanzo la carta sin miramientos, alcance a ver como parecía guiada por magia, pero poco más.
El moreno se recostó cerca a la fogata, tomando un poco de calor, Morrigan hizo lo propio y los demás no tardaron en unirse, le pregunte a la pelirroja sobre el tema y prometió enseñarme a abrir portales, por si algún día quería escapar, le sonreí suavemente, como si eso siquiera fuera una posibilidad.
El silencio que continuo fue incomodo.
— Tengo una pregunta — Daire habló cuando la tensión en el ambiente parecía palpable — Te he visto hacer portales entre lugares lejanos — Señalo a Morrigan — Mientras que tú podrías quemar una ciudad hasta los cimientos — Me señalo, aunque eso era un poco exageración — ¿La magia tiene algún limite?


Ninguna contestó al instante, y sentí la mirada de los chicos sobre nosotras hasta que fue insostenible. Eleve mis muñecas y tire un poco de la tela hasta que las marcas quedaron en evidencia.
— ¿Puedes pensar en un límite mejor?
No contestaron, no iba a mencionar que el paladio nos ardía y era bastante resistente a la magia, o que la cornalina tenía la capacidad de hacernos chillar, siendo estos dos de los principales componentes de los tatuajes que nos marcaban la piel. O que algunos tipos de magia te podrían consumir.
— Tampoco practicamos la necromancia — Declaro la pelirroja después de un momento — Por si te preguntabas que tan sangrientas podemos ser, ningún hechicero que conozco o haya escuchado la práctica, ni siquiera los terribles paganos.
— No era por eso por lo que lo preguntaba — Se quejo el rubio.
— Como digas.
Lo único bueno de que ambos no pararan de discutir es que consiguieron que los otros se rieran un poco, con los ojos un poco más alegres.
— ¿Algún día pararan de discutir? — Se quejo, sin seriedad, el castaño.
El bufido de ambos fue suficiente respuesta y hasta yo me tuve que reír, no tenían remedio, eso ya lo había notado y era tomarlo con gracia o empezar a participar en sus tontas discusiones.

— Ahora tengo una pregunta — Interrumpió el príncipe y obtuvo todos los ojos encima — He visto diferentes hechiceros en mi vida, algunos mejores… Algunos peores y nunca he entendido porque — Hizo una pequeña pausa, planteándose que decir — Si la fuente de poder, según lo que me han enseñado, es la naturaleza y si está aquí, para todos ¿Por qué tienen distintas… Potencias?
Morrigan y yo nos miramos un momento, ninguna parecía muy segura de que decir, era complicado de explicar para los no mágicos, además como todo en lo que rodeaba la magia, no estaba muy claro ni siquiera para nosotros.

— Hm… — Masculle, esperando que saliera una explicación decente después de buscar lo más parecido que había — ¿Has notado que algunas personas son mejores que otras con la espada?
— Por supuesto, soy uno de los desafortunados que no lo es — Daimhin se rio a su propia costa, podría haber elegido otro ejemplo.
— Sí, bueno, eso mismo ocurre con la magia, algunos son más buenos con la espada o con las cuchillas y otros no tanto — Suspire, segura de que no me estaba dando a entender — Y parte de esto se debe al entrenamiento, sí, pero también se trata de don como quien tiene más habilidad para dibujar que otros, estas… Más adelantado, supongo.
— Pero… ¿Por qué? — Insistió el príncipe y casi podía ver su cabeza hilando las cosas.
— La magia surge de la naturaleza, sí, pero somos una especie de conductos…
— Amplificadores — Corrigió Morrigan.
— De acuerdo, amplificadores, recibimos el poder disponible a nuestro alrededor y — Otra pausa, buscando la palabra correcta para explicar algo que no creía que se pudiera explicar a menos que lo vivirás — Lo moldeamos — Me concentre un poco, llamando al fuego y mi magia respondió al instante, ansiosa por salir, las llamas bailaron en mi mano, sin tocar nunca la piel — Algunos captan mejor la energía y algunos la saben aprovechar mejor, es una mezcla de un talento nato con la práctica.


El moreno no me contesto al instante, fascinado por las llamas a mi alrededor. No era del todo correcto como lo explicaba, pero la pelirroja tampoco parecía que me fuera a corregir, sí, usábamos la magia disponible a nuestro alrededor, pero los hechiceros teníamos un poder interno que era el que nos daba acceso a todo lo demás, lo que abría el conducto y la raíz de las diferencias, pero eso era mejor que pocas personas lo supieran, nadie necesitaba saber que, si un hechicero llegaba a consumir su propio poder, no solo acabaría agotado, sino que probablemente moriría.
Seguí esperando en silencio su respuesta, tampoco necesitaba saber que a veces era como convivir con otro ser, caprichoso y poderoso, se podía apoderar de nosotros si lo permitíamos ni todo el peligro que podía implicar el jugar con nuestro don, o maldición, de forma incorrecta y que tan fácil podía resultar perderse.
— Qué curioso — Contesto, finalmente Kylian, después de notar que el príncipe parecía demasiado absorto en sus propios pensamientos — No esperaba que fuera así.
— ¿Te lo puedes imaginar? — Daimhin volvió en sí, girándose hacia el castaño — Suena complicado, aunque, a decir verdad, esperaba que fuera algo más al estilo de los cambiaformas.
— Daimhin — Kylian lo detuvo.
— ¿Qué? ¡Es verdad! Pensaba en la magia como una entidad propia, no solo como algo maleable — Intente ocultar la sorpresa en mi rostro ante sus palabras, no esperaba que un humano sin talento mágico se acercara a la verdad, con todo lo que intentaban renegar de ella.
— Es complicado — Fue lo único que la otra hechicera farfullo, luciendo tan sorprendida como yo.
El castaño aprovecho para cambiar de tema y discutir que hacer a continuación, miraron el mapa, buscando asentamientos cercanos y no parecía haber demasiados, ni tenían noticias de un camino de muerte, pero si el anciano tenía razón, solo quedaba seguir yendo hacia el sur y esperar a que el rey contestara pronto, quizás tendría nuevas órdenes.

Para cuando las decisiones estaban tomadas, ya era de noche y comimos con rapidez, con el resto retirándose a sus tiendas y dejándome solo con las estrellas como compañía, me recosté a mirarlas y mi cerebro decidió que era el momento de invadirme con todas las preocupaciones que había evadido, la aldea, la muerte y principalmente la similitud de la descripción del hombre de los poseídos con la Elizabeth de mis pesadillas, tenía que ser una coincidencia, me repetí hasta el cansancio, esperando poder creérmelo.
El graznido de un cuervo me despertó de mi ensoñación.



🥹🥹🥹 ay pobre hombre... Ver perderse a su hijo, q duro! No es q el muchacho haya muerto, es q es un muerto en vida!! 😭😭
No puedo dejar de pensar en Beth y el sueño de Elava... Fue un sueño?? O fue algo real??
¡Ay, qué penita me dio el señor hablando de su hijo! :( Y la descripción de Elava de la magia, especialmente lo que decidió no contarles me pareció genial. Sigo preocupada por Beth y ahora super intrigada por ver qué contestará el rey. Me encantó, como siempre, corazón!