IV. Pérdida de control (Pt.1/2)
- Vnia Sim
- 23 dic 2022
- 6 Min. de lectura


— Ava, Ava — Beth me dio golpecitos en la nariz y no paro hasta asegurarse de que mis ojos, tan similares como diferentes de los suyos, estaban fijos en ella — Te has dispersado, me preocupas un poco, llevas algunos días difíciles, si no son los sueños, son tus pensamientos ¿Has pensado que quizás te están enviando señales o algo?
— Pues sería la primera vez, creo que no tengo un gramo de vidente en mi cuerpo — Suspire, recordando la cantidad de regaños que me había llevado por ello — Además ¿De qué me sirven los sueños del pasado? Lo único con lo que estoy soñando recurrentemente es mi primera marca.


— Te estabas tocando la otra.
— Pero no soñaba con ella, fue menos traumática, solo que voy mal, me levante de uno, me centre en la otra, recordé todo, pero si fuera algún indicio del futuro seria de otra maldición y siendo así, prefiero primero tirarme desde la punta de la torre.
— No lo menciones, te tienen bastante maltratada, si te ponen una más te podríamos considerar un experimento de la torre.
— Algo como ¿Cuántas marcas tolera un hechicero antes de morir o tirarse desde una gran altura?
— Seguramente ¿Ya estas mejor?
— Sí, vamos a descubrir que nueva tortura nos tienen preparada.
Me levante de la cama sin muchos ánimos y me arregle todo lo rápido que podía, llevaba unos días bastante ocupados, los monstruos parecían estar más inquietos que nunca y eso despertó la ambición de algunos arcanos menores por lo que todos los aprendices mayores nos la habíamos pasado de un lado para otro y algunos incluso habían recibido golpes y heridas de los enfrentamientos, estaba escuchando en los pasillos más historias de terror que nunca y eso para un grupo de hechiceros era un récord bastante desagradable.


Para mi suerte parecía que se habían olvidado de nosotras por una vez y ninguna tenía planes o tareas, así que esperaba poderme dedicar a practicar magia sin sentir que mi vida corría peligro.
Bajamos con tranquilidad hasta el piso principal, hablando de donde y qué deberíamos practicar y nos decidimos por uno de los salones alejados de la biblioteca, donde no molestaríamos a nadie. Las aulas eran más pequeñas que las grupales, pero todavía adecuadas, tenían una o dos mesas con pocas sillas y nada más.

Algunas magias elementales podían llegar a ser demasiado peligrosas para practicar en un lugar cerrado como el fuego o la tierra, no tenía ganas de que me regañaran por ello, lo que nos dejaba el aire o el agua, las cuales también eran de mis preferidas, lo que no ocurría con Elizabeth, no eran de su especialidad o de su gusto, lo cual era una ironía cuando el color de su magia era el azul.


Podíamos dedicarnos a cosas más complejas, pero con todo el desgaste que habíamos tenido estos días no me parecía la mejor opción, no porque no pudiera hacerlo, sino porque la magia podía volverse volátil y hacer cosas… Inesperadas en el mejor de los casos.

Beth se acabó decidiendo por el aire, en un intento de no inundar nuestro “querido hogar” y estuve de acuerdo, el aire podía ser tan increíblemente divertido y voluble que practicarlo era relajante para mí.

Me abrace a mi magia y por primera vez en muchos días no le ordene nada, llame al viento, no lo exigí y él me contesto con cariño, bailando en mis cabellos oscuros, provocando un poco de risa. Normalmente el poder de las personas no tendía a coincidir con el color de sus ojos, pero la mía siempre había sido tan sombría como su dueña. Mis ojos, las nubes de una tormenta y mi poder coincidían en el mismo tono y Miravela siempre había dicho que de la misma forma, avecinaban grandes problemas, era una dramática.

Me divertí jugando con ello, logrando que se moviera a mi voluntad, la magia podía ser bastante voluntariosa cuando quería, moverse según sus deseos y no los nuestros, por lo que lograr que incluso los hilos estuvieran sosegados era un gran paso.
Para mala suerte de la rubiales de mi compañera no parecía estar en la misma situación mía, incluso el viento a su alrededor parecía enfocado en molestarla, lo que para mí era una caricia en su caso era una agresión, mi lado de la habitación parecía danzar con delicadeza y en el suyo estaban en guerra.


Las mesas y las sillas volaban peligrosamente, pero ella parecía tan concentrada que no me atreví a decir nada, incluso sus ojos, normalmente parecidos a los míos, estaban azules, de un tono tan claro que eran más cercanos al cielo despejado que a cualquier otra cosa, sus marcas estaban igual de iluminadas.
Espere un poco, preocupándome cada vez más porque no parecía retomar el control. La gente decía que mi maldición era una herramienta, muy peligrosa si no se usaba con cuidado, pero no estaba de acuerdo, la magia a veces parecía más viva que cualquier otra cosa, viva y rebelde si lo decidía.
Me pareció que ese empezaba a ser el caso cuando su viento choco contra el mío y en lugar de retroceder sentí como atacaba un poco, eso no era algo que Elizabeth intentaría hacer de forma consciente. Era momento de intervenir.

— ¡Beth! — Llame y no reaccionó, me acerqué un poco y sentí como la situación se tornaba más hostil — ¡ELIZABETH!

Nada, la rubia no reaccionaba, sus ojos no volvían al grisáceo habitual, el celeste empezaba a gobernar en su lado de la habitación y ya no me parecía tan bonito, las mesas acabaron cayendo y mi magia reaccionó.
El gris no ataco al azul antes de que se lo ordenara, pero sentí la tensión en la habitación, el poder vibraba en mi piel, listo para atacar antes de que mi amiga pudiera lastimarme.
— Elizabeth
Susurre, intentando que recuperara el sentido, pero nada, no la podía culpar, había estado en ese lugar muchas veces antes y no era fácil salir de allí. Necesitaba ayuda y la idea de tener que ser yo quien lo hiciera me disgustaba, no era delicada con el poder, no sabía hacerlo por lo que tener que usarlo para devolver a Beth a la realidad no era mi favorita.

Intente llamarla una última vez, pero lo único que logre fue que su magia se pusiera más agresiva, la sentí empujando contra el aire danzante y la habitación pareció disminuir de tamaño.
Era demasiado tarde para devolverla desde la tranquilidad, solo deseaba que nadie se acercara para notar lo que estaba pasando, si alguien lo veía podía pensar que Elizabeth necesitaba más marcas y mientras aquello estuviera en mis manos no pensaba permitirlo.

Recité el conjuro e hice mi magia más tangible, en la habitación se respiraba el olor electrizante del poder que se escondía en nuestras venas, la reacción de la bruma azul no se hizo esperar, luciendo más furiosa que antes, desdibujando la apariencia de un cielo en calma.
Maldije internamente al estar encerrada en un espacio tan pequeño e intenté acercarme al cuerpo de mi amiga, no pude superar la barrera de su magia sin usar la mía como un escudo. Era difícil lidiar con alguien en ese nivel de descontrol, era un catalizador sin filtro y un peligro para sí mismo y los demás.
Sentí los hilillos azules agrediéndome, intentando romper mi barrera y algunas, a medida que rompía sus capas, lograban penetrar las mías hasta alcanzar mi cuerpo, atacando.
Cada toque era una descarga energética, algunos parecían pinchazos, otros eran más semejantes a latigazos, pero la idea de proteger a mi amiga de sí misma consiguió mantenerme en movimiento, sin apenas quejarme.

Finalmente, el camino corto e infernal dio sus frutos, el cuerpo de mi amiga estaba tan cerca que alargando el brazo podría tocarla. Parecía poseída y pese a mi preocupación no pude evitar notar que era una imagen fascinante a la par que terrorífica, envuelta en tentáculos azules, vibrantes, poderosos y malvados, con el cabello bailando a su alrededor, las marcas y sus ojos, sin pupila, brillando en la misma tonalidad.
Invoque otro hechizo, aunque tuve que repetirlo varias veces, no lograba concentrarme lo suficiente para que funcionara, y cuando finalmente logré conjurarlo correctamente el mundo, como siempre, se puso en nuestra contra.
Alguien entro en la habitación, escuche los gritos y note la figura en medio de la espesa niebla que era mi propia magia, pero lamentablemente no fui la única en notar al invasor.



Elizabeth, o su maldición, más bien, giro violentamente en cuerpo hacia la figura y en un suspiro la situación cambio violentamente, su magia dejo de preocuparse por mí, concentrándose contra la sombra y el grito dio todo el aviso que necesitaba, rompí mi propia protección y salí disparada de la habitación, persiguiendo las figuras de mi amiga y el invasor, intentando evitar el desastre.
Noté rápidamente que la víctima no era más que un estudiante, un niño que ni siquiera había pasado sus pruebas y el pánico subió violentamente por mi garganta, no podría defenderse.



😱😱😱😱😱
Te quieres creer q de las dos, no me esperaba en absoluto q fuese Beth la q se descontrolara de esta manera?
Parece q Ava es la más volátil en el tema mágico y sin embargo ha sido Beth la q se ha descontrolado!!
Ay madre como va a terminar esto... Nueva marca para la rubia? 😢
Jolín, sus poderes se salieron totalmente de control😬😬😬vaya por Dios, que alguien la detenga, jolín!!!
Vnia sentía que estaba viendo una producción de HBO o Netflix con lo bonito y artístico que te quedó todo. Me encanta como se va poniendo todo cada vez más tenso. He sufrido un montón y sigo super nerviosa por Beth, y por el chico y nuestra chica. No creo que vayan a librarse de esta :(
Ostras pobre Beth!! Presa de su propia magia... Verás cua do se entere Selene... 😬