VIII. La tercera marca (Pt. 2/2)
- Vnia Sim
- 9 feb 2023
- 5 Min. de lectura


Entre en mi carpa, me prepare rápidamente e intente que el sueño me embargara, deseando una noche oscura y ausente. Por supuesto que no iba a pasar.


La torre parecía más grande que cuando me fui, más oscura, grotesca y macabra, me daba miedo, era lo único que pensaba mientras intentaba que mis pies hicieran el menor ruido posible, temía ser descubierta, había conseguido bajar hasta la planta principal y estaba tan cerca de conseguir mi objetivo, la puerta principal.




Había conseguido evadir a los guardias valiéndome de mi tamaño y del resguardo de la noche, pero a medida que me acercaba la luz aumentaba y el pánico debajo de mi piel junto con ella, una vocecilla inquieta en mi cabeza no paraba de recordarme que no debía estar allí, que estaba prohibido y que solo iba a conseguir salir lastimada, como la vez anterior, pero la otra parte de mi recordaba la libertad, el verde de los bosques y a mi madre llamándome.
Era lo que iba a ganar, tal como la vez anterior, pese al miedo, al tiempo y a los intentos de convertir el oscuro lugar en mi hogar, sabía que mi madre seguía allí afuera, esperándome, cantando en las noches y rogando a la luna porque me trajera su voz. Algunas noches lo conseguía, junto con sus sollozos y era lo que me había empujado a intentarlo nuevamente.


Me escondí muy bien cuando sentí los pesados pasos acercándose, no me iban a capturar, no nuevamente, sabía el castigo y esta vez tenía que ser mejor que antes, más rápida, más lista, ya era mayor, tenía la capacidad de lograrlo, lo sabía. Después de todo mamá llevaba años esperándome y no la podía decepcionar.
Mis pies bailaron y me escondieron, la cabeza me funcionaba solo para ocultarme y la puerta se presentó ante mi mucho más grande e imponente de lo que la recordaba. No había nadie cerca y con miedo, intente abrirla, pese a que sabía el resultado. Cerrada, tal como sabía que iba a ser y como en antaño replique la estrategia, esperaba que los años que habían pasado desde mi último escape fueran suficientes para que olvidaran. Esta vez el tiempo fue más largo, no podría decir cuanto pero cuando finalmente encontré el momento ideal para escapar llevaba tanto tiempo allí que me sentí tiesa y torpe mientras corría hacía allí.
Sin moros en la costa, esta vez me lance al bosque sin ningún atisbo de duda, con la voz de mi madre susurrando canciones en mi cabeza, al fin y al cabo, era por ella, no la podía dejar sola, tenía que volver.


Me creí libre durante unos instantes, pero esta vez, no me dejaron mantener la esperanza durante mucho tiempo y ese instante de libertad fue cortado bruscamente por unas manos metálicas.
Me habían atrapado y ni siquiera había logrado nada, solté un sollozo lastimero, mirando al bosque y en él, por un ligero momento creía ver la sombra de mi madre, con una expresión tan triste como yo misma me sentía.

No les importo, a aquellos seres sin alma no les importaba más que obedecer a Selene. Me llevaron a su oficina y parecía que esta vez estaba menos preparada que la anterior, con el cabello suelto y despeinado, pero la misma expresión de enojo que la primera vez, me hizo entrar.
— ¿Alguna vez vas a aprender?
— ¡¿Qué debería aprender!?
— Que una vez entras a la torre, no puedes escapar — Suspiro y por una vez parecía incluso cansada — Pequeña Elava ¿Cuándo aprenderás que no soy tu enemiga?


— ¿Entonces que eres? ¿¡Por qué me alejas de mi madre!? — Solloce un poco, con el recuerdo agrietándome el corazón.
— Esta es otra de las razones por las que los niños deben ser traídos pronto a la torre — Escuche mascullar en medio de mis lágrimas — Han pasado cinco años, Elava, entiende que tu hogar es aquí, nadie allí afuera te espera — Eso se me clavo en el corazón, por mucho que me negara a creerlo — Y nadie allí te va a aceptar, llevas la marca de la magia, eres una hechicera por derecho propio y tu piel — Ni siquiera note en qué momento se había acercado tanto — Lo demuestra — Me tomo de las muñecas y pese a tener la túnica encima, recorrió el lugar exacto de las marcas, tuve un escalofrío — Pero eso parece no ser suficiente para ti.
Me intenté alejar, con brusquedad y solo conseguí que sus uñas se encajaran en mi piel. Los gritos llenaron la habitación y ni siquiera note el momento en que el cambiaformas entro a la habitación, solo para empeorar mi posición.


Amleth aprovecho la posición en la que estaba, me tomo desde el tronco y me elevo, encajando sus uñas, la arcana mayor solo me soltó cuando era imposible liberarme del guardián.
Se alejo un poco, me observó con algo cercano a la pena, o eso pensaría si se tratara de alguien capaz de tener sentimientos y mascullo una frase incomprensible para mí pero que el teriantropo no dudo en ejecutar, me mantuvo quieta en el aire y apretó con más fuerza, aumentando mis gritos.
La de ojos azules suspiro una vez más, parecía, por una vez, dudar de sus actos, pero al final eso no la detuvo.


— Al final te acabas condenando a ti misma, Elava.
Otro suspiro y el miedo recorrió todo mi cuerpo, especialmente después de sus palabras pesarosas.
Me agarro la pierna, revelando mi pie y procedió a hacer un ritual que, aunque solo lo había visto dos veces en mi vida, recordaba todo con claridad. Estaba tatuado en mi alma con la misma forma e intensidad que en mi piel. La tinta, la magia y aquellas malditas palabras.
Empecé a gritar incluso antes de que el dolor llegara. Solo aumento cuando los ojos de Selene se iluminaron en rojo, cuando el hechizo dibujo una nueva marca y el mundo se tornó negro por unos instantes. Perdí la fuerza, la realidad se tambaleo, aunque mis gritos se mantuvieron.


Cuando todo termino, Amleth ni siquiera intento soltarme, por el contrario, me cambio de posición, abrazándome y me sentí más pequeña e indefensa que nunca, me dolía el cuerpo y el alma, me acurruqué contra el gran cuerpo, buscando un consuelo inexistente, pese a que no confiaba en él, había sido tan culpable como la hechicera de ojos azules.



Me llevo hasta mi habitación, con una delicadeza que parecía impropia de un hombre tan grande, no se detuvo hasta dejarme en mi cama ante la mirada en pánico de mi compañera de habitación.
Espero hasta que el cambiaformas se fue para unirse, acurrucándose a mi alrededor, sin decir nada, dándome algunas palmadas, mientras me escuchaba sollozar hasta quedarme dormida…
Me desperté bruscamente después de eso, con la piel de mi pierna derecha ligeramente, maldije un poco, detestaba recordar tan claramente cada una de mis marcas, era una tortura, especialmente ahora que mi compañera estaba tan alejada.
Suspire, sintiéndome que cansada y sabiendo que demoraría en volver a dormirme, me levante y volví a la fogata, que empezaba a morir, me senté frente a ella y me centre en los recuerdos felices que tenía mientras luchaba por evitar pensar en los acontecimientos recientes y todavía peor, en las conservaciones.
No quería pensar en una realidad imposible, Morrigan había vivido lo que todo el mundo pensaba imposible, una hechicera viviendo con sus padres, siendo criada por estos.
Me generaba dudas, preguntas sobre cosas que era imposible que sucediera y el dolor de la perdida me dolió en el pecho.


Al final ni siquiera fui capaz de volver a la tienda y me acurruqué contra un árbol cercano hasta que el sueño volvió a invadirme, siendo consolada por las estrellas y la naturaleza.



😢😢😢
Ay corazón... Q luchadora nuestra Elava y q mal se lo ha hecho pasar Selene... Realmente su mamá sigue ahí fuera?? La sigue esperando?? Ains... Mi corazoncito pide q si, pero no lo tengo tan claro... Gran capi corazón, como siempre! ❤️
¿Qué sería de la madre de Elava? ¡Pobrecita! Es tan triste cuando la vemos de pequeñita y todo lo que tuvo que vivir... y bueno, aunque ahora está fuera de la torre, no es libre mi pobre niña :(
Jo de verdad, me da pena cuando elava recuerda como se hizo las marcas, pero era solo una niña buscando su familia... 😔